Azul

Posted: lunes, 7 de febrero de 2011 by Cristhian Zamudio Calla in
1

He de mirar tu rostro
En otros rostros
Tus labios en otros labios
Tus ojos en otros ojos...

He de encontrar rosas
Girasoles, geranios
Flores que primaveren otoños
Ramos que afloren tus manos

He de buscar palabras
versar prosas
Prosar versos
He de escribir tu nombre en cerros

Todo he de hacer
He de emigrar hacia tu norte, Azul
Tocar la puerta del alba
Y encargar a su luz, mi luz.

"La mujercita"

Posted: lunes, 6 de diciembre de 2010 by Cristhian Zamudio Calla in
1

Sabe uno cómo la miraba. Quizá mis ojos se asemejaban a ojazos de pulpo. Quizá mis parpados no oscilaban por temor a dejar de verla, segundos. Si los gritos de una enojada señora no retumbaban en mis oídos, probablemente hubiese seguido mirándola, a pesar de ya no encontrase allí.

Recuerdo que devolvió mi mirar con cierto recelo. Sabía quien era. Me había visto algunas veces, en el mismo lugar de siempre.

Quimera

Posted: domingo, 25 de julio de 2010 by Cristhian Zamudio Calla in
1

Eran sus ojos
pública invitación al embelezo

Eran sus labios
pequeños destellos
osados
bermejos

Eras tú
quimera incipente
Que nace
y en el instante muere

"Tercera persona"

Posted: domingo, 20 de junio de 2010 by Cristhian Zamudio Calla in
2

Porque soy una tercera persona...


Yacía en su cuarto. Caminaba de un lado para el otro sin poder detener el paso. Escalofriante, totalmente fuera de sí. Hacía unos instantes se encontraba algo más que lúcido. Incluso sonreía lujurioso mientras leía un libro de Harold Robbins.
Sin embargo, pronto le devinieron raros pensamientos que ,de vez en cuando lo atormentaban. Nunca había considerado a tales propósitos como posibles, siempre estaban ahí, a la deriva. Meditó. No había posiblidad. Era un tonto si seguía siendo partícipe de un juego en el cual no era el protagonista. "No hubiese cambiado" pensó. Y es que la insociabilidad, la represión, el estoicismo, no tienen comparación con el dolor,la desilución, la idiotez.

Era mejor estancarse, no había duda. Inventar; crear situaciones, contextos, estaba de más. ¿ Si la quería? Evidentemente. Nuestro ¿protagonista?, ¿antagonista? (espectador es la palabra). exteriorizaba sus pensamientos y quereres según sus instintos, no como "los normales".
Las palabras eran su mejor vehículo, pero insuficientes para lo que deseaba. Entonces se adentró a un ignoto terreno. Al terreno de las caricias, las miradas, los gestos... Cuando los adoptó se acostumbro a ellos. Lamentablemente para él, sucumbieron con una inmediatez no insospechada. Tan solo era espejismo. No existía ni el más mínimo indicio de amor.

Detuvo el paso. Buscó por debajo de su cama unos discos antíquisimos y polvorientos. Seleccionó dos de ellos y los llevó hacia su tornamesa. Aquella que solo era utilizada en momentos como éste. La musicalidad era precisa y repetitiva. Su rostro señalaba la nada. Se encontraba frustrado, idiota; pero aún así seguía queriéndola.Cantaba : "Cuando acalle la melodía dejarás de ser mía".

Espectador

Posted: sábado, 22 de mayo de 2010 by Cristhian Zamudio Calla in
3

El viento soplaba su cabello.Los ojos parpadeaban rara vez. Parecía inmutable. Sombría. No despegaba la mirada de aquella única ventana apenas abierta.Alcancé a mirarla por la otra mitad del cristal. Mantenía un sigilo sorprendente.Quizás era el único que la examinaba con cierto candor; los otros tan solo querían acercársele como fieras hambrientas.
Un anciano que, increíblemente se encontraba en pie, fue el primero en abordarla . Al igual que la joven, no podía alcanzar la baranda del bus.Entonces se ayudó con el precario bastón. Éste, no se desprendió durante el recorrido.

A pesar de la joroba, el viejo intentó manterse firme. Para ello, deslizó su brazo izquierdo hacia el mango del asiento.Su mano yacía tembloroza; a veces se producía un roce con los dedos de la mujercita, pero a ella parecía no importarle.
El contancto no era solo de manos ( o mejor dicho manitas) el viejo zorro se encontraba detrás de su presa. Y aunque apenas le hiciese cosquillas a "Glorita" como la llamaba silabeante -vaya uno a saber por qué- su alegría era inmensa. Sonreía apenas, pero sonreía.
Era dificil precisar su edad. No solo poseía una inmensa y blanquecina barba. Su cabello también era blanco y desmedido. Por ratos daba la sensación de que no era un viejo común y corriente, sino más bien un loco harapiento. El hedor que desde hace rato impregnaba en el atestado colectivo, parecía desprender de él y, lo corroboraban en cierta forma los pasajeros
del bus, quienes se tapaban las narices y hacían hórridos gestos.

Dejé de contemplarla por la ventana. Ahora mis ojos se fijaban en su perfil. Pude observar con claridad el revez de su nariz, tan pequeña como su silueta ; la mitad de sus labios, tan rosados como su exótica blusa. Era realmente hermosa. Mi paradero parecía ser ella.
De pronto volteó. Quise creer que había percibido mi mirada, pero me equivoqué ; a los pocos segundos volvió a su posición.Rauda y ahora algo impaciente. Su nariz ya no era la misma, parecía rugoza. Me sorprendió su aquietud. Incluso abrió la ventana en su totalidad.

Pese a su incipiente cambio, aún no hacía nada para alejarse del viejo. Seguía frunciendo la nariz, como tratando de encontrar qué pestilencia era la que emanaba del bus . Decidió apartar los audifónos de sus oídos.Los guardó en su cartera y volteó. Se abrió paso en medio de un grupo de personas silenciosas. Era el viejo. Estaba tirado e inmovil. Nadie se acercó demasiado a él por el olor tan ahuyentador. Todos los miraban con las narices tapadas. Todos, menos ella, que pareció no importarle lo que sucedía.
Ya casi bajaba del carro. Nuevamente la miré. Ella hizo lo mismo. Su mirada había cambiado por compleo. Me cautivo ya no tiernamente. Ahora había algo más. Un extraño erotismo. Me dirigí hacia el abuelo. Aún poseía esa sonrisa tan incierta. Tomé su bastón y le sonreí. Aún podía alcanzar a Glorita.

'Puto' amor

Posted: viernes, 20 de noviembre de 2009 by Cristhian Zamudio Calla in
14


Y dormía… apaciblemente dormía. No cabe duda que era el centro de atención. Los pasajeros que se encontraban en el bus no dejaban de mirarla. Incluso el cobrador volvía la vista hacia ella para adularla con enrevesadas palabras. Rusio Pola no fue la excepción. Los ojos de la mujer prontamente se convirtieron en sus ojos. Aún sin mirarla, nuestro protagonista había dibujado su rostro.

Con el transcurrir de los minutos, algunos de los pasajeros palidecieron. Surgió un inexplicable cansancio de verla. Sin embargo los que subían al carro, reiniciaban el miramiento, que era, hasta cierto punto obseso. Curiosamente estos tipos no percibían las miradas de adultas señoras, quienes atónitas, hacían muecas más horrendas que las de aquellos tipos.

De pronto despertó. Una leve, pero enigmática sonrisa saltó a la vista de quienes la miraban. Rusio pudo encontrar una correspondencia visual, pero rápidamente apartó sus ojos de los suyos. Pensó que la mujer no había estado durmiendo, sino más bien fingiendo. Entonces un incipiente rubor apareció.


Coincidentemente el paradero de la joven era el paradero de Rusio. Los dos personajes bajaron del carro. El hombre detrás de la mujer. Fue ahí donde ocurrió un hecho absurdo. La maleta de la muchacha quedó enganchada con la mochila del “aedo”. Al inicio, ella no se percató, en cambio Rusio sí, y se aprestó a retirarlo con un nerviosismo único. Luego le pidió disculpas. La chica (que por cierto poseía anteojos), volteó la cabeza y sonrió. Acto seguido emprendieron camino por una calle oscura. Rusio no la seguía. Él hacía el mismo recorrido diario. Decidió no caminar por la vereda, ya que la mujer transitaba por ahí. Entonces hizo de la pista su pasarella. Caminaba raudo, quería zafarse de ella, aunque muy adentro de sí la quería cerca, muy cerca.
Fue después de tres cuadras que Rusio volteó por una avenida. La mujer seguía de frente. El joven decidió mirarla por última vez e inexplicablemente encontró su mirada y su sonrisa. Rusio sintió una sensación ya vivida antes. No pudo dejar de pensar y musitar: “Se parece a ella”.

" La mierda"

Posted: jueves, 29 de octubre de 2009 by Cristhian Zamudio Calla in
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Y qué si lloro. No importa, la verdad no importa hacerlo. Nadie te ve. Te encuentras refugiado en un pequeño cubil, sin poder salir de él. Solo rostros de poetas adheridos a una tétrica pared son testigos de “la mierda”. Poetas tan putos como tú, tan barrocos, tan soñadores, tan cándidos como tú.
No importa ser poeta. Vale más “la mierda”…

Y qué si escucho una y otra vez, canciones del ayer. Nadie las oirá, no joderás a nadie, ellos no sentirán la congoja que tú sientes. No importa la letra, el solo sonido te lleva a alucinar, a pensar, el solo sonido - la musicalidad- te lleva a “la mierda”.

Y qué si tomo. No importa. La verdad no importa. Puedes adoptar la amargura del vino y seguir tomando. Tomar sin vaso que sopese el líquido, tomar a pico. Que mierda, da igual…

Y qué si escribo… Nadie te leerá, a nadie le interesará. Vale más “la mierda” que las palabras.
Y qué si fumo, los dormidos olerán a tabaco, pero no olerán el tabaco.
Y que si leo, y qué si siento, odio o rezo. Vale más la “mierda” que un solo beso.
Y qué, si apagó la luz y por un momento muero...